RÉQUIEM POR LOS JARDINES DE GUAJARA

A la atención del Excmo. Sr. Rector y de toda la comunidad universitaria

RÉQUIEM POR LOS JARDINES DE GUAJARA

Tras el comunicado del Sr. Rector en torno a la ubicación final del edificio para el proyecto Neurocog se ha cerrado un paréntesis en el camino a la destrucción de una parte de los jardines del Campus de Guajara.
En ese paréntesis, las personas que promovimos esta protesta, más todas aquellas que nos apoyaron con sus firmas (más de 500, sin utilizar mecanismos de difusión masiva), creímos ingenuamente que se buscaría de verdad una alternativa que mantuviera la integridad del jardín, a la vez que satisficiera las expectativas de tan importante proyecto.

Pero, sobre todo, al acceder a paralizar momentáneamente la obra, entendíamos que el Equipo de Gobierno estaba valorando una de nuestras tesis principales: que la gestión de los espacios en nuestra universidad debía regirse por los principios de racionalidad, transparencia y optimización de las edificaciones existentes.
En estas tres semanas no hemos negociado nada. ¿Cómo podríamos negociar algo absolutamente fuera de nuestro alcance? Hemos comprendido que este proyecto se elaboró a sabiendas de que la ubicación elegida supondría un destrozo irreparable, siendo finalmente el propio Rector el que ha tenido que asumir este despropósito como una decisión unipersonal, en la que todo hace intuir que ha primado tan sólo el empeño en una “adecuada visualización social e institucional” del proyecto -como si este fuera menos visible a escasos 150 m.-, aunque para ello haya que romper el equilibrio de un espacio que debería ser seña de identidad de nuestra institución.

Por nuestra parte, lo único que hemos hecho es preguntarnos y preguntar en voz alta por algunas cosas que están en el centro de este conflicto, con el absoluto convencimiento de haber actuado en función de esos valiosos criterios que ahora se nos reclama: responsabilidad y altura de miras.

Desde el ejercicio de una ciudadanía responsable, como universitarios, pero sobre todo como servidores públicos con la obligación de demandar de las autoridades académicas la gestión eficiente y transparente del interés general, hemos promovido esta protesta que entendemos justa y sensata, ya que nos parecía incomprensible que tal decisión hubiera sido consensuada en los órganos competentes.

Altura de miras es precisamente lo que nos ha permitido observar con perspectiva este conflicto y nos ha llevado a rechazar cualquier toma de decisiones mediatizada por la tiranía de lo urgente y por un anticuado concepto de “visibilidad” en un mundo global e interconectado, como si esta dependiera de la ubicación del edificio y no de los logros del proyecto.

Desde el año 1992 en que se inauguró el campus de Guajara, diseñado según la propia institución con criterios de modernidad, como un proyecto que mejoraba enormemente las infraestructuras y la imagen de
la ULL, en un intento de parecerse a los mejores campus europeos, este será el tercer edificio construído en espacios que antes eran jardines.

Nos preguntamos por ello, ¿dónde está el Plan Director de Obras de esta Universidad y de este Campus en particular?, ¿qué tipo de planificación guía el crecimiento natural y previsible la Universidad de La Laguna?, ¿terminaremos teniendo un Campus de Guajara completamente asfaltado entre edificios que ha sido absolutamente imprescindible construir por estas o aquellas ineludibles razones?

Todo este conflicto hubiera sido perfectamente evitable si, desde noviembre de 2009, la comunidad universitaria hubiera sido informada realmente de todo lo referente a la ubicación de este edificio en Consejo de Gobierno y en el Claustro, tal como se ha hecho hace una semana, después de casi dos años desde que se tomó la decisión y mediando una protesta de numerosas personas.

Hoy, la disyuntiva a la que se nos somete, la única opción que se nos ofrece es: hacer la obra en el jardín o perder una importante subvención. Parece que definitivamente la universidad prefiere no asumir su error al no aceptar una propuesta técnica viable por un supuesto sobrecoste de un 20%, que vendría justificado por el vallado del edificio y la ampliación del servicio de seguridad.

Esperamos que se entienda que la decisión adoptada, a pesar de que pueda satisfacer a algunos, es a nuestro juicio la más lesiva para los intereses de la Universidad de La Laguna ya que destruye irremisiblemente un patrimonio que deberíamos haber cuidado para las siguientes generaciones que sin duda habrán de recriminarnos nuestra mala gestión.

Pero nos siguen quedando la palabra, la sensatez, la protesta. Y por ello desde aquí llamamos a la comunidad universitaria y a su máxima autoridad a encontrar el camino para la rectificación, para la democracia en nuestra institución y para la defensa decidida de nuestros escasos espacios verdes, máxime cuando existen alternativas de crecimiento más racionales.

En cualquier caso, para que no caiga en el olvido, queremos dejar constancia de que en las dos reuniones mantenidas con el Sr. Rector y su Jefe de Gabinete, nos aseguraron que este edificio no tendría una segunda planta y que no se construirá ningún otro edificio adyacente o en las proximidades de este en el futuro.

Fernando Rodríguez Junco, Liti García-Ramos Medina, Fátima Sáinz Sáinz y Paqui Rivero Cabeza

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